Los riesgos biológicos en el trabajo son menos visibles que el ruido o el polvo, pero no por eso menos peligrosos. Un trabajador de salud, un operario de planta de tratamiento o un empleado de frigorífico puede estar expuesto a concentraciones de microorganismos que superan los valores seguros sin que haya ninguna señal visible. Evaluarlos es tan obligatorio como medir el ruido.
¿Qué son los bioaerosoles y contaminantes biológicos?
Los contaminantes biológicos son microorganismos vivos —bacterias, virus, hongos y parásitos— y sus productos metabólicos (endotoxinas, micotoxinas, esporas) presentes en el ambiente de trabajo en forma de partículas suspendidas en el aire, denominadas bioaerosoles. También se consideran contaminantes biológicos los fragmentos de insectos, pelos y escamas de animales con capacidad de provocar respuesta alérgica o tóxica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica los agentes biológicos en cuatro grupos de riesgo según su capacidad de causar enfermedad en personas sanas, la gravedad de esa enfermedad, su propagabilidad y la disponibilidad de tratamiento efectivo. El Grupo 1 incluye agentes con escasa probabilidad de causar enfermedad; el Grupo 4 comprende agentes con alta mortalidad y sin tratamiento disponible (como el virus del Ébola). En los lugares de trabajo la mayoría de los agentes relevantes son del Grupo 2 y 3.
Actividades y sectores de mayor riesgo
No todos los ambientes de trabajo presentan el mismo nivel de exposición. Los sectores con mayor riesgo de exposición a bioaerosoles son aquellos donde hay contacto con materiales orgánicos, fluidos biológicos o poblaciones vulnerables:
- Hospitales y centros de salud: exposición a patógenos de transmisión aérea (tuberculosis, influenza, COVID-19), salpicaduras de fluidos biológicos y residuos patogénicos.
- Laboratorios de diagnóstico y biología molecular: manipulación directa de cultivos, muestras clínicas y cepas de referencia.
- Plantas de tratamiento de residuos y agua: altas concentraciones de endotoxinas bacterianas y esporas fúngicas en aerosoles generados durante el proceso.
- Granjas, criaderos y frigoríficos: exposición a bacterias zoonóticas (Brucella, Salmonella, Campylobacter), hongos en forrajes y endotoxinas de pieles y plumas.
- Veterinarias y zoológicos: contacto con animales portadores de agentes zoonóticos.
- Industria alimentaria: ambientes húmedos y cálidos favorecen el desarrollo de hongos y bacterias en líneas de producción.
Res. 295/03: valores límite en Argentina
La Resolución SRT 295/03 incorpora al sistema de higiene y seguridad laboral argentino los Valores Límite Umbral (TLV) de la American Conference of Governmental Industrial Hygienists (ACGIH) para contaminantes biológicos. La norma no fija un único valor numérico para todos los agentes, sino que distingue entre el tipo de microorganismo y el contexto de exposición.
Para esporas fúngicas totales en ambientes de trabajo, el criterio de referencia más utilizado es la comparación entre la concentración interior y la exterior: si la concentración interior supera en más de 3 veces la del exterior, se considera un ambiente contaminado que requiere intervención. Para bacterias, el valor orientativo es de 500 UFC/m³ (unidades formadoras de colonias por metro cúbico) en oficinas y ambientes de baja exposición, y de hasta 10.000 UFC/m³ como máximo en entornos industriales no sensibles.
Métodos de muestreo ambiental
El muestreo de bioaerosoles requiere equipos específicos y condiciones estrictas de cadena de frío y tiempo de traslado al laboratorio. Los tres métodos más utilizados en Argentina son:
- Impactadores de cascada (tipo Andersen): fuerzan el aire a través de etapas con orificios de diferente diámetro que clasifican las partículas por tamaño. Permiten identificar qué fracción del bioaerosol llega a los alvéolos. Son el método de referencia para muestreo volumétrico de hongos y bacterias.
- Colectores de burbujeo (impinger): hacen pasar el aire a través de un líquido (solución salina o buffer fosfato) que captura los microorganismos. Son útiles para virus y bacterias que no soportan la deshidratación del impacto seco.
- Filtros de membrana (celulosa o policarbonato): retienen partículas por filtración. Son prácticos y económicos, aunque tienen menor eficiencia de recuperación que los impactadores para microorganismos viables.
Las muestras se cultivan en medios selectivos e incuban a 25-37 °C durante 48-72 horas para bacterias y 5-7 días para hongos. El resultado se expresa en UFC/m³. Adicionalmente puede hacerse análisis por PCR para identificar agentes específicos sin necesidad de cultivo.
Medidas de control y prevención
La jerarquía de controles aplica igual que para cualquier otro contaminante: primero eliminar la fuente, luego contener, después ventilar y por último el EPP. En la práctica, para riesgos biológicos los controles más efectivos son:
- Sistemas de ventilación con filtros HEPA: los filtros de alta eficiencia (HEPA clase H14) retienen el 99,995 % de partículas de 0,3 μm, incluyendo esporas y bacterias. Son obligatorios en áreas de alta exposición (UCI, laboratorios BSL-2/3).
- Cabinas de seguridad biológica (CSB): para manipulación directa de agentes Grupo 2 y superiores. La clase II tipo A2 es la más utilizada en diagnóstico clínico.
- EPP respiratorio: mascarillas FFP2 para agentes Grupo 2, FFP3 para Grupo 3. Requieren ajuste de sellado facial y programa de mantenimiento.
- Vacunación del personal: hepatitis B para trabajadores de salud y laboratorio, vacuna antitetánica para veterinaria y frigoríficos, vacuna antigripal anual para personal de salud y plantas alimentarias.
- Protocolos de bioseguridad: manejo de residuos patogénicos por contenedor específico, procedimientos de descontaminación de superficies y equipos, restricción de acceso por área de riesgo.
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